miércoles, 10 de abril de 2019

No somos un cáncer


Cierto día me quejaba amargamente de los estropicios de la raza humana en el planeta, de los mares llenos de basura, de la tala, de la caza furtiva, de la sobrepoblación y todos los otros detallitos y como otras tantas veces mencioné que el ser humano es un cáncer y la tierra encontrará la manera de deshacerse de nosotros. La amiguita que iba conmigo respondió  a aquella declaración, “no puedes estar más equivocada. Yo no pienso que la tierra nos vea como cáncer y tampoco creo que esté tratando de deshacerse de nosotros”. Como amante de la naturaleza y del planeta no estuve tan de acuerdo en su punto de vista, sin embargo; mientras caminábamos pensé que podía tener razón, quizá todo nuestro problema de comportamiento se basa en que CREEMOS que somos un cáncer. 


No se cómo empezó pero como humanos tendemos a esperar lo peor de nosotros mismos. Por lo pronto, como católica me inculcaron que somos producto de un pecado original, que dios nos mandó a vivir en penitencia para, tal vez, ganarnos en cielo de vuelta. Filósofos, sociólogos y muchos otros han tratado de definir si nacemos o nos hacemos malos y si somos malos buscamos una explicación para ello, pero nadie busca explicaciones para alguien que es bueno, ¿por qué no buscamos explicaciones para lo bueno? Pues porque es bueno y ya, entonces es lo natural, lo que es, ser bueno no necesita mayor explicación.

Retomando el punto del cáncer y la tierra, si los humanos dejáramos de existir en la tierra ¿quién creen que nos extrañaría? Absolutamente nadie. Ninguna especie depende de nosotros para vivir, y no lo digo yo, hay una serie de programas acerca de la tierra sin humanos y lo rápido que toda nuestra infraestructura, tecnología, ciencia, etc, quedaría cubierta por la arrasante fuerza transformadora y regeneradora de nuestra madre tierra.

Es sencillo, nada en la tierra nos necesita. 

Entonces ¿qué sentido tiene nuestro paso por la tierra? si nadie nos va a extrañar.
Pues tal vez se trate de "dejar de creer que la tierra existe para nosotros". Ella siempre generará vida, de una manera u otra, así como la primera vez con un par de moléculas y un rayo, lo hará con lo que tenga y si todo proviene de ella, sabrá como transformarlo en vida de nuevo.  La tierra generá vida con o sin humanos, cambia, se renueva, se transforma en nuevas y fascinantes maneras de existir. Yo, en lo personal amo a los animales, los bosques, el mar, de ninguna manera me gusta el sufrimiento de ningún ser vivo pero he tenido la oportunidad de observar la capacidad de la tierra para cambiar, adaptarse y vivir siempre y a pesar de las circunstancias, es su mandato divino, así como el de nuestras células, el vivir.  Observa la foto de arriba ¿ves la raíz que se hizo abrazadera? Sucedió después de que cortaron el cerro y el árbol quedó en riesgo. 
Si se extingue una especie, surgirá otra;  si se destruye un paisaje, se construirá una vista nueva. 

Nosotros, los humanos, concebimos nuestra existencia como lo más importante para la tierra, el universo, dios... y de aquí se gesta un miedo a morir tan grande, capaz de conducir nuestras vidas y en nombre de nuestra supervivencia matamos, destruimos, competimos, arrebatamos, etc. Luego nuestra supervivencia tiene que ser cómoda, bella, automática, inmortal. 

Si le quitáramos importancia a nuestra existencia, la disfrutaríamos más y en mayor armonía con el planeta. 

No, no somos un cáncer, tampoco somos hijos del pecado, no nacemos siendo malos y no, el mundo no gira a nuestro alrededor. Necesitamos comprender que nuestra existencia genera otras existencias,  que nuestra vida en algún momento dará pie a otra vida con otra forma o en otra especie. Necesitamos comprender que somos parte del majestuoso ciclo de vida de la tierra y universal, que es eterno y que se genera una y otra vez. 


Elevar el sentido de nuestra existencia.
Entonces ¿qué hacemos  aquí? Disfrutar. ¿Que??? Si, DISFRUTAR, hacer uso de nuestra capacidad de gozar, sentir placer, sentir alegría, crear y compartir cosas buenas y gratificantes.   
No, no somos un cáncer, tampoco vivimos en penitencia pero vinimos a aprender en la mejor escuela de todas, la que nos permite observar, experimentar, probar, sentir, maravillarnos, respirar, comer, crecer, crear, amar. 

Estamos en un planeta vasto, hermoso y perfecto en donde la vida se abre camino por sí misma, DISFRÚTALO y por consecuencia lógica aprenderás a cuidarlo, a conservarlo y a amarlo. Tu origen divino conoce esta conexión, sólo necesitas recordarlo. 


Jass Bernal 





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